El Papa de Roma y las mujeres con cabello largo: modelos foráneos y marcos de validez

En la ‘Introducción’ de Alfons Barceló y Lluís Argemí a la “Historia y teoría económica” de E.J. Nell se recoge una “fábula” (“relatada por Joan Robinson en varias ocasiones”, p. 30, Nell 1984) donde el Papa de Roma pretende “aumentar la proporción de mujeres con cabello largo” debido a que encajaría mejor con las “buenas costumbres”. La destilaremos a continuación (pp. 30-31, “Historia y teoría económica”, E.J. Nell, Ed. Crítica, 1984):

EJ Nell

Un buen ejemplo para visualizar los peligros y ridiculizar la incorrecta y abusiva aplicación de modelos fuera de sus marcos de validez. Viene al pelo para complementar algunas de nuestras lecturas de Ha-Joon Chang.

P.D.: Como curiosidad añadida, si alguien quiere una somera introducción al “enfoque reproductivo” escrita por Alfons Barceló, puede consultarla aquí.

@metronax

El Papa de Roma y las mujeres con cabello largo: modelos foráneos y marcos de validez

El inexistente (para las estadísticas) trabajo doméstico

Como puede percibir el atento lector de este blog, dos de sus miembros (@metronax y un servidor) andan últimamente enfrascados en la lectura de Economía para el 99% de la población, del heterodoxo economista surcoreano Ha-Joon Chang, y todo ello por recomendación de nuestro amigo Desarist (todo sea dicho). Una interesante obra mediante la que el lego en economía puede asomarse a las complejidades y utilidades de esta disciplina/ciencia social/constructo (hay más entradas de @metronax aquí, aquí y aquí).

Yo quiero destacar una pequeña cuestión derivada del epígrafe relativo a la “producción” (capítulo 6), que aunque probablemente sea algo más que asumido por (algunos) economistas es, creo, una cuestión que no se destaca lo suficiente en el debate político que incumbe al ciudadano de a pie: la forma de contabilizar la producción y, especificamente, el trabajo doméstico.

Chang explica que el Producto Interior Bruto, entiéndase el valor de todo lo que se ha producido en un lugar y periodo de tiempo concretos menos el coste de los insumos tales como materias primas y energías, es un índice cuyo cálculo es más complejo de lo que podría parecer a simple vista. La mayoría de las actividades económicas, esto la oferta y consumo de bienes y servicios, se encuentran registradas y su valor cuantificado sin grandes problemas, desde el libro de facturas del autónomo hasta las cuentas generales de una gran empresa. No obstante, existen casos en los que esto no es así, generalmente al respecto de aquellas actividades que no implican transacciones monetarias. El ejemplo más claro lo encontramos en los países en desarrollo, y es la cuantificación de la cosecha de los agricultores de subsistencia, una producción que en su práctica totalidad no sale del ámbito familiar. En cuanto a los países desarrollados el caso más habitual, explica Chang, es la práctica de residir en una vivienda en propiedad que, aunque sea un “servicio”, igualmente “queda en casa”. En ambos casos son bienes y servicios que se entiende “producidos”, por lo que son incorporados al cálculo total del PIB mediante estimaciones.

Sin embargo, hay una actividad económica que no se calcula para su adición al PIB: el trabajo doméstico. A continuación reproduzco un párrafo de la p. 199 del libro de Chang:

2015-08-31 09.46.50Destaco: “Cocinar, limpiar, cuidar a los niños y ancianos, etc. no cuenta como parte del PIB”. Esto conduce no a menospreciar sino a considerar que no existe un trabajo que hasta hace bien poco era desarrollado casi en exclusiva por las mujeres. Y es aquí donde quiero hacer el triple salto mortal histórico-antropológico.

Hasta hace dos siglos la mayor parte del trabajo de la mayor parte de la población era trabajo doméstico, es decir realizado por y para la propia unidad doméstica. Los matrimonios y su prole araban, sembraban, escardaban, cosechaban, pastoreaban, ordeñaban, sacrificaban, recolectaban, tejían, construían, reparaban, etc. y se cuidaban entre sí para su propia subsistencia y reproducción. Salvo al respecto del pago de la renta, que en ocasiones podía incluso superar la mitad de la producción anual (véase Wolf 1966, p. 9), todo “quedaba en casa”. El reparto de tareas por sexo era algo generalizado y, aunque en ningún caso se pueda hablar de una idílica igualdad entre hombres y mujeres, ni tampoco de que todas las actividades tuvieran el mismo reconocimiento, efectivamente se consideraba que todas ellas eran trabajo.

Los cambios que condujeron a la modernidad provocaron la formación de una clase que no organiza su producción y consumo a nivel doméstico sino que, en cambio, y dicho en términos marxistas, pasara a fundar su subsistencia en los beneficios de la venta de su fuerza de trabajo en el mercado laboral. Tal fue el impacto de este nuevo tipo de trabajo que, como arriba muestra el párrafo de Chang, ha sido y es la principal forma de cuantificar la producción a escala macroeconómica.

El no contabilizar el viejo trabajo doméstico ha causado que muchas personas (hasta hace poco la mayor parte de las mujeres) no trabajasen a efectos estadísticos. Hoy, con la incorporación de la mujer al mercado laboral las cosas han ido cambiando poco a poco en cuanto al reparto de las tareas del hogar por sexos, pero lo cierto es que el trabajo doméstico sigue ahí. A una familia formada por dos personas que trabajan cada una 8 horas fuera del hogar la espera más trabajo cuando vuelve a casa. En casos donde no hay hijos esto no supone más que una horita diaria y quizás medio domingo de dedicación a preparación de comida y limpieza, pero hay ocasiones que esto es mucho más. Conozco un ejemplo en el que 4 hermanos se turnan para cuidar de sus padres, que no pueden estar solos. Esto supone que al trabajo extradoméstico y al doméstico habitual se le añaden todavía más horas no cuantificadas, con el resultado de que a veces una persona pueda estar trabajando incluso más de los 2/3 de un día. Y, según tengo entendido, el exceso de trabajo es causa reconocida de estrés y otros problemas físicos y psicológicos.

Evidententemente hay formas de aliviar ese exceso de trabajo, y es contratando fuerza de trabajo externa (limpiadores, cuidadores, auxiliares, etc.). Pero, como siempre sucede, eso no es algo que esté al alcance de todas las unidades familiares, claro. Como para casi todo lo que afecta a nuestras vidas, hay unos que pueden y otros que no.

@MagnificoElMulo

El inexistente (para las estadísticas) trabajo doméstico

Ha-Joon Chang: “Comparación entre diferentes escuelas económicas”

Dice Ha-Joon Chang en “Economía para el 99% de la población” (Ed. Debate, 2015, p. 154):

“Conocer distintos tipos de escuelas económicas y saber cuáles son sus respectivos puntos fuertes y puntos débiles, como hemos visto, no es una práctica esotérica reservada en exclusiva a los economistas profesionales. Es parte vital del aprendizaje de la economía y es también una contribución al esfuerzo colectivo de lograr que la economía le sea cada vez más útil a la humanidad”.

En las pp. 155-158 se adjunta el siguiente “Anexo: Comparación entre diferentes escuelas económicas”, que nosotros hemos escaneado rápidamente para quien le pueda interesar:

diferentes teorías económicas_chang_

Ando consultando bastante el cuadro de la imagen, espero que a vosotros también os sea útil.

El capítulo 4 del mencionado libro de Ha-Joon Chang es un gran resumen y comparativa entre escuelas económicas que se resume en el cuadro que rescatamos (no se incluyen todas las posibles; como indica el propio Chang 2015 en la nota al pie de la p. 109, recordando más aparte de las nueve resaltadas, menciona a “la escuela neorricardiana, la escuela estructuralista latinoamericana, la escuela feminista o la escuela ecológica”, además de “diferentes líneas derivadas”).

En las pp. 109-110 describe el objeto de dicho capítulo (las negritas son mías):

“(…) Todas las teorías, incluidas las ciencias naturales como la física, necesariamente implican abstracción, y por lo tanto no pueden captar todos y cada uno de los aspectos que constituyen la complejidad del mundo real. Esto quiere decir que ninguna teoría sirve para explicarlo todo. Cada una posee fortalezas y flaquezas particulares según qué aspectos ilumine y cuáles ignore, cómo conceptualice las cosas y cómo analice las relaciones entre ellas. No existe una teoría única que pueda explicarlo todo mejor que las otras (…)”.

Estamos sacando bastante jugo a Chang (2015) para haber leído sólo la primera parte y poner únicamente unos pocos detalles, ¿no?

@metronax

Ha-Joon Chang: “Comparación entre diferentes escuelas económicas”

Ha-Joon Chang: “el mercado mismo es un orden construido”

Ha-Joon Chang en la página 134 de su “Economía para el 99% de la población” (Ed. Debate, 2015) señala que “el capitalismo está lleno de «órdenes construidos» deliberadamente, entre ellos la sociedad anónima, el banco central y las leyes de propiedad intelectual, que hasta finales del siglo XIX no existían. La diversidad de acuerdos institucionales —y las consiguientes diferencias en los resultados económicos— entre las diferentes economías capitalistas es también fruto, en gran medida, de una construcción deliberada antes que de la manifestación espontánea del orden.”

Y continúa:

chang1

Esto, por supuesto, bebe de Karl Polanyi y su “La Gran Transformación.

@metronax

Ha-Joon Chang: “el mercado mismo es un orden construido”

Singapur: cautela y escepticismo ante las diversas teorías económicas

Estos días me he estado leyendo, entre otras cosas, la Primera Parte de “Economía para el 99% de la población” de Ha-Joon Chang (Ed. Debate, 2015). Un libro muy claro de divulgación económica a un nivel no básico, pero sin entrar en honduras matemáticas. Tiene múltiples ideas sugerentes, pero quiero señalar un párrafo para desmitificar un lugar común de los “liberales”: Singapur (pp. 56-57; negritas y subrayados son míos):

“La historia sirve para resaltar los límites de la teoría económica. La vida es a menudo más extraña que la ficción, y la historia está plagada de experiencias económicas exitosas (a todos los niveles: naciones, empresas, individuos) que no pueden ser explicadas a la perfección por una sola teoría económica. Por ejemplo, si solo leemos The Economist o The Wall Street Journal, de lo único que nos enteraremos es de la política de libre comercio de Singapur y su receptividad a la inversión extranjera. Esto puede llevarnos a concluir que el éxito económico de Singapur es una prueba fehaciente de que el libre comercio y el libre mercado son la mejor receta para el desarrollo económico… hasta que tenemos noticia de que casi toda la tierra en Singapur es propiedad del Estado, de que el 85 por ciento de las viviendas las otorga un organismo estatal (el Housing and Development Board) y de que el 22 por ciento de la riqueza nacional la producen empresas públicas (el promedio internacional ronda el 10 por ciento). No hay un solo tipo de teoría económica neoclásica, marxista, keynesiana o la que seaque pueda explicar el éxito de esta combinación de mercado libre y socialismo. Ejemplos como este deberían volvernos más escépticos respecto del poder de las teorías económicas y más cautos a la hora de sacar conclusiones políticas.

@metronax

Singapur: cautela y escepticismo ante las diversas teorías económicas

La ira de Varoufakis

¿Queréis conocer algo que provocaría la “ira” de Yanis Varoufakis? Leed estas líneas del libro, dirigido a su hija Xenia, Economía sin corbata. Conversaciones con mi hija (Ed. Destino, 2015, p. 32):

sin corbata

Ahora que ya he atraído vuestra atención diré que es un buen libro para que regaléis a vuestro “cuñado” más cercano. Puede que, tras algún comentario inicial más o menos ingenioso, despectivo o –incluso– iracundo, logréis en él algún tipo de “ruptura cognitiva” y que aprenda algo de economía.

Es ameno y didáctico, con numerosos ejemplos (aunque sí que echo de menos notas o referencias bibliográficas explícitas, si acaso relegadas al final para no menoscabar sus propósitos divulgativos). Me gustó especialmente el capítulo 8 sobre el dinero, donde toma el testimonio del oficial británico Richard Radford, detenido en 1941 por la Wehrmacht y que fue a parar a un campo de prisioneros, del que describe su organización económica y los cigarrillos como moneda.

Atentos además al comentario final de dicho capítulo 8 sobre el dinero, en que Yanis pregunta a su padre, que también estuvo preso en un campo en los años de la guerra civil griega (1946-1949), sobre si “los cigarrillos se convirtieron en unidades monetarias, como en el campo de Radford” (pp. 180-181). Le responde: “No. Nosotros compartíamos los paquetes que recibía cada uno. Una vez, a pesar del hecho de que yo no fumaba, pedí a mi tía que me enviase cigarrillos. Justo cuando los recibí, los repartí entre los que sí fumaban, sin esperar nada a cambio. Así hacíamos. Nos ayudábamos el uno al otro.” (p. 181). Y es que no todo es “sociedad de mercado”.

@metronax

La ira de Varoufakis

Richard Nixon y la “disciplina mental” de la lectura y escritura

Richard Nixon siempre me ha parecido un escritor agradable. Hoy me gustaría destilar un fragmento de su libro “En la arena” (Plaza & Janés, 1990) que trata sobre leer, escribir y pensar (pág. 146):

nixon

No es una idea especialmente novedosa, pero expresada de forma clara; como más ordenadamente se puede lograr “pensar”: escribiendo.

@metronax

Richard Nixon y la “disciplina mental” de la lectura y escritura