Cartago

**Nota. Esto lo escribí hace unos cuantos años (9, nada menos) y hoy lo resucito para este blog**

Cartago, la ciudad de los cuatro continentes… ¿Que porqué la llamo así? Un periplo a través de la Historia la ha llevado a una situación peculiar. Cuatro fundaciones en cuatro contextos diferentes, encadenadas por un mismo espíritu.
Primero apareció Tiro, en el II milenio aC, cabeza de Fenicia, en la costa mediterránea asiática, al sur de Asia menor… dedicada a Abibaal, la cual volcó su actividad hacia el comercio como todo el pueblo fenicio, única manera de sobrevivir rodeada como se encontraba de belicosos Imperios conquistadores como Egipto, Asiria, el reino de Hatti… Fué en esa necesidad comercial cómo se extendió a lo largo del Mediterráneo, hacia las bárbaras tierras de Europa y del norte de África, en busca de metales, grano, ganado y esclavos… y, en ese contexto, en el s.IX aC, los aristócratas de Tiro fundaron, encabezados por la princesa Elisa, una ciudad en el norte de África, Cartago, cuyo nombre evidencia la intención de sus fundadores, Kart-Hahdta, ciudad-nueva, la sucesora, que con el tiempo, caida de Tiro mediante bajo yugo asirio en el 575 aC, la relevó en el liderazgo y la gestión de esas rutas comerciales que unían occidente con oriente, con la peculiaridad que ahora aparecían nuevos tintes en los fenicios de Cartago, matices que permitieron denominarlos púnicos, los fenicios de occidente. La ciudad prosperó y extendió sus redes comerciales, entrando en conflicto con aquellos que buscaban lo mismo, los griegos, y posteriormente el poder recién nacido y balbuceante que llevará a constituir el Imperio que más ha dado que hablar en la Historia, Roma. Los intereses púnicos y romanos entraban en contradicción, y la guerra se hizo inevitable, lo que llevó a los romanos a arrebatar a Cartago sus dominios de Córcega, Cerdeña y Sicilia. Por tanto Asdrúbal “el hermoso”, yerno de Amílcar Barca, optó por expandirse por nuevos territorios donde obtener recursos para hacerle frente a los romanos, territorios como `i-span-ya (Hispania), donde se fundó la ciudad destinada a efectuar el poder real de los cartagineses en Europa, Kart-Hahdta de Ispanya, o, como fue llamada por los romanos, Cartago Nova (que, curiosamente, en púnico sería Kart-hahdta-hahdta, ciudad-nueva-nueva), pero en el desarrollo de las guerras púnicas ni siquiera el gran Aníbal Barca, el mayor genio militar de la Historia, pudo frenar el ímpetu latino y la joven urbe pasó a manos del Imperio en expansión. Y tras siglos y siglos, nuevas religiones, nuevos poderes… hicieron que Cartago Nova, en los tiempos que corrían llamada Cartagena, sufriera el dominio de visigodos, bizantinos, árabes, castellanos y aragoneses para finalmente formar parte de los dominios de Carlos V, cuando, en 1533, se fundó en el proceso de colonización de la recién descubierta América, Cartagena de Indias por Pedro de Heredia, en la actual Colombia, uno de los puertos más importantes que comunicaron América con España.

Así la “Nueva ciudad” tiene presencia en Asia, África, Europa y América como consecuencia de sucesivas aventuras de diversas gentes, con diferentes objetivos, pero compartiendo el ánimo de explorar e ir más allá, el espíritu antecessor o descubridor que a veces lleva al ser humano a abandonar las comodidades del hogar para arriesgarse y quizás perderlo todo… o ganarlo. Pero nuestros fundadores, ganaran o perdieran, lo que sí lograron fue ser recordados, hoy, siglos y milenios después de sus vidas.

@MagnificoElMulo

Cartago