Marvin, Carl, Brooklyn

HarrisSaganMarvin Harris nació en Brookly (NY) en 1927. Sirvió en el U.S. Army Transportation Corps en 1945-47 en el Pacífico. Doctorado en antropología en 1953, fue un insigne investigador hasta su jubilación, en el año 2000, y muerte, en 2001.

Carl Sagan nació en Broolkyn (NY) en 1934. Vivió la Segunda Guerra Mundial de niño, en su hogar de inmigrantes judíos. Doctorado en astrofísica 1960, su carrera profesional duró hasta su muerte, en 1996.

Ambos, Marvin y Carl, nacieron en el mismo barrio, en fechas similares. Ambos vivieron en su juventud la Segunda Guerra Mundial y ambos comenzaron su carrera científica al arrancar la culturalmente convulsa segunda mitad del s. XX. Ambos fueron activistas. Harris, miembro del “ala izquierdista” de la escuela de la antropología neoevolucionista norteamericana, se distinguió contra el imperialismo portugués (parte de su trabajo de campo se desarrolló en el Mozambique previo a la Revolución de los Claveles) y, en “casa”, contra la Guerra de Vietnam. En sus trabajos, asimismo, se destila una consciente y continua crítica al racismo, el clasismo, el sexismo y la homofobia. Sagan se destacó contra la Guerra de Vietnam, contra el militarismo y a favor del ecologismo. De forma anónima, también argumentó a favor de la legalización de la marihuana.

Fueron divulgadores del conocimiento de las ciencias naturales y humanas, respectivamente, y, a lo que a mi entender es mucho más importante, del método científico. A este respecto “Vacas, cerdos, guerras y brujas. Los enigmas de la cultura” (1974) o “Caníbales y Reyes. Los orígenes de las culturas” (1977) son famosos libros del primero y “Cosmos” (1980) y “El mundo y sus demonios. La ciencia como luz en la oscuridad” (1995) son un afamado documental televisivo y un libro del segundo. En ambos casos la narración mezcla su experiencia personal con las peripecias, problemas y avances del proceso por el que hemos llegado a saber lo que sabemos.

Con esos y otros trabajos lograron una amplia difusión del saber contemporáneo entre los no académicos, pero aquí quiero centrarme en sus intentos de explicar de forma sincera, humilde y clara cómo es posible y porqué es deseable obtener ese conocimiento, y de qué forma ese conocimiento debería difundirse al común de la población.

Sagan dedicó parte de su trabajo de investigación a la exploración del sistema solar y es conocida su voluntad por intentar contactar con una posible inteligencia extraterrestre. Promovió el lanzamiento de mensajes en forma material, como los que todavía hoy portan las sondas Pioneer y Voyager, y electromagnética, como el emitido desde el radiotelescopio de Arecibo, así como apoyó el proyecto SETI, una “bandeja de entrada” de mensajes extraterrestres que por el momento permanece vacía. La pasión detrás de todo esto la plasmó en 1985 en la novela de ficción “Contact”, llevada poco después al cine. Yo, personalmente, sospecho que la Dra. Eleanor Arroway, la protagonista, es la personificación ficticia del propio autor. Sin embargo, Sagan no “quería creer” en la inteligencia extraterrestre sino que quería saber. En “El mundo y sus demonios” narra su incursión en la investigación científica sobre el fenómeno OVNI. Describe cómo al considerar como mera hipótesis de trabajo la existencia de abducciones, avistamientos o el origen intencional la “cara de Marte” fue duramente criticado por algunos de sus colegas. Evidentemente, los resultados de sus estudios fueron que no hay pruebas para relacionar tales acontecimientos con una inteligencia extraterrestre y que hay argumentos físicos y psicológicos que ofrecen una explicación más mundana, coherente y razonable. Así, puede decirse que a la investigación puntera y la apertura de nuevos campos de estudio, al activismo y a la divulgación, Sagan le añadió el atender a las “locuras” de los “iluminados” con respeto, rigor y ánimo de aprender.

Por su parte, Harris fue un activo y cabezota litigador en el campo de la búsqueda de una teoría que sea capaz de explicar el funcionamiento de la cultura humana. Esquematizó una explícita propuesta (que denominó materialismo cultural) y la defendió de la mejor forma que entendió, es decir, con un buen ataque. Famosas fueron sus polémicas con el también antropólogo Marshall Sahlins, defensor de un peculiar estructuralismo inspirado en Lévi-Strauss, pero también fue pródigo en críticas al materialismo dialéctico, la sociobiología o el idealismo. Asimismo, dedicó no pocas páginas a tratar lo que denominó “oscurantismo”. En lo que creo que es su obra más importante, “Cultural materialism. The struggle for a science of culture”, definió este proceder tal que “when knowledge obtained through nonscientific means is deliberately used to cast doubt on the autenticity of scientific knowledge within the domains suitable for scientific inquiry” (p. 315), y lo vio muy arraigado en diversas creencias contemporáneas como astrología, brujería, mesianismo, hippismo, fundamentalismo, cultos a la personalidad, nacionalismo o etnocentrismo.

En el divulgativo “Vacas, cerdos…” le dedicó un capítulo completo, (que tituló como “el retorno de las brujas”), donde trató de explicarle al gran público no sólo la cojera científica de las “hipótesis” oscurantistas sobre determinados fenómenos (las contradicciones con el conocimiento firmemente establecido en otras disciplinas, su fundamento en hechos de dudosa verificación) sino que, en respuesta, ofreció una explicación racional alternativa. Eso ya lo hizo Sagan con la cuestión de los avistamientos  y abducciones extraterrestres, como de igual forma han hecho otros muchos científicos y divulgadores. Sin embargo, Harris fue un paso más allá, pues trató de dar una explicación coherente con la antropología, la historia y otras ciencias sociales de porqué “el oscurantismo” puede llegar a tener tanto arraigo en nuestra cultura occidental. En su caso lo achacó a la rebeldía propia a una juventud que por su pertenencia a la clase media había accedido a saberes culturales ajenos a su tradición y que, fundamentalmente, tenía más que satisfechas sus mundanas necesidades materiales.

Harris y Sagan se movieron en cada una de las “dos culturas” pero compartieron no sólo circunstancias biográficas, sino también un aprecio por el conocimiento científico y por la adecuada forma de llegar a él así como por la adecuada forma de enfrentarse a sus enemigos, “la pseudociencia” o “el oscurantismo”. Supieron entender que para convencer antes hay que comprender las circunstancias de los que confían en modelos falaces, puesto que la naturaleza y la cultura humanas son mecanismos complejos cuyo funcionamiento todavía nos es desconocido en su mayor parte. Hay gente que se ha olvidado o que nunca ha sabido esta cuestión clave. Yo es algo que intento no olvidar nunca.

@MagnificoElMulo

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