Reinventando el patrimonio arquitectónico

Un profesor mío decía que lo peor que le puede pasar al patrimonio de un pueblo inculto es que éste tenga dinero, porque renueva y tira todo lo antiguo. Claro, que se podría argumentar que un pueblo culto, que protege y valora su patrimonio según, claro está, los criterios de cada época, también puede tener peligro por exceso de celo.

Aquí tenemos el caso de la Catedral de Pécs, en Hungría, un edificio románico, con sus reformitas a lo largo de los siglos (izquierda), que a principios del XIX (1807) fue reinventado en un estilo entre neogótico inglés (algunos tratadistas lo llaman “Gothick”, con la grafía de la época) y clasicista, con mucho pintoresquismo romántico, por Mihály Pollack. No contentos con esto, entre 1882 y 1891, una nueva reinvención, más fiel a lo que ellos pensaban el origen del edificio (la referencia a la Catedral de Pisa del hastial me deja sin palabras), llevada a cabo por Friedrich von Schmidt lo transformó por completo de nuevo.

Hoy, en muchos sitios se habla alegremente de la catedral románica de Pécs y se muestran orgullosas fotos del bonito pero muy falso edificio de Friedrich Schmidt. Pasa tanto en Europa lo de guías que toman alegremente por medieval las catedrales e iglesias quasi neo de finales del XIX…

Sobre estas reinvenciones habla, de pasada, este libro un tanto genérico, pero interesante por su visión totalizadora: http://www.amazon.es/Architecture-Historic-Hungary-Dora-Wiebenson/dp/0262231921

 @Villaumbrosa

Reinventando el patrimonio arquitectónico

La hibridación de las ideologías

Voy a recoger un párrafo que resume una de las conclusiones del libro que vamos a destilar: La ideología y la práctica. La diferencia de valores entre izquierda y derecha” de Francisco Herreros Vázquez (Ed. Catarata. Fundación Alternativas). El texto en cuestión está extractado del prólogo al mismo que realiza Ludolfo Paramio:

Pág. 9 (el subrayado es mío):

“Una de las principales ideas de Isaiah Berlin era que los valores humanos son en cierto sentido contradictorios, y que en el binomio libertad/igualdad era necesario buscar un punto de equilibrio para evitar que el igualitarismo ahogara la libertad o que en nombre de la libertad (la autopropiedad) se justificaran desigualdades que a la larga hacen imposible la convivencia social. Uno de los puntos fuertes de Herreros es mostrar que, a la vez que la izquierda interiorizaba los valores de la libertad y el liberalismo, la derecha ha interiorizado en buena medida los valores de la igualdad -de oportunidades y de resultados- que la izquierda hace suyos.”

Estas palabras implican, a mi juicio, una ¿razonable y esperable? hibridación de las ideologías que puede explicar parte de la tan manida “crisis de la socialdemocracia” (que nos recuerda el interesante “Algo va mal” del malogrado Tony Judt) o el descontento desde algunos sectores con lo que consideramos “derecha” y, en definitiva, la época de confusión ideológica que vivimos, quizá con un cambio de paradigma en ciernes.

En el libro, Herreros se ciñe a una división típica (aunque excesivamente general para mi gusto, poco matizada en sus definiciones) entre izquierda y derecha, siendo especialmente aprovechable en su trabajo el análisis empírico que realiza de las posiciones sobre diferentes cuestiones de opinión según ambas corrientes. Reconozco que a mí me parece un tanto coja la división entre izquierda y derecha, siendo más completa una división multiaxial como el modelo de la “Brújula Política”: con el ‘eje x’ marcando hacia la izquierda la intervención en la economía y hacia la derecha mayor liberalismo económico, y en el ‘eje y’ señalando hacia abajo mayores libertades personales y hacia arriba una mayor defensa de la autoridad en lo personal.

Además, aunque se requeriría un estudio detallado que no consignamos aquí, creo que realmente las ideologías se van convirtiendo poco a poco en más vaporosas y atomizadas (como la sociedad o el mercado del presente marco globalizado), que requieren de un análisis estadístico cada vez más refinado y relacionado con la “lógica difusa”. Pondré un ejemplo algo burdo de mi idea general. A vuelapluma y con un toque humorístico podemos considerar que la derecha (en España) está compuesta de personas monárquicas, defensoras acérrimas de la unidad nacional, que defienden una moral conservadora, liberales en la economía y del Real Madrid. La derecha (otras ideologías tendrían tratamientos análogos) se encuentra en un -llamémosle- “nicho estadístico” que cumple estas condiciones (u otras, esto es sólo un ejemplo) en unos ejes de coordenadas multidimensionales; pero no toda la derecha cumple con todas las condiciones, ni una de ellas es común a todos: hay republicanos y barcelonistas de derechas, etc. Aunque sí podemos buscar afirmar una serie de condiciones que, si se cumplen “en general”, basten para indicar la adscripción de un individuo al grupo de la derecha, que se encuentran dentro de una “nube multidimensional” aunque no coincidan en todas las etiquetas. Pienso que debemos buscar modelos “difusos”, más que categóricos. Éste es uno de los caminos en los que hay que avanzar.

Un libro útil el de Herreros Vázquez, pero quedan muchos tratamientos posibles de esta cuestión -las ideologías- tan de actualidad en un mundo cambiante.

@metronax

La hibridación de las ideologías

¿Para qué sirve la Historia?

Si de una velada entre pocos contertulios pudo surgir ese icono multiusos que es el terrorífico monstruo de Frankenstein, en “Destilando Libros” no queremos ser menos. Hace un par de semanas se planteó en un hilo de Twitter la cuestión de para qué sirve la Historia. El formato limitado a 140 caracteres no era todo lo deseable para tan curiosa polémica, por lo que los participantes fueron emplazados a sintetizar sus reflexiones en un máximo -levemente incumplido en algunos casos- de 500 palabras para publicarlas todas juntas en éste, el blog favorito de todos ustedes. Baste decir que cada autor es responsable único de sus palabras. Si hay polémica, agradecemos se utilicen los comentarios a tal efecto. El orden de aparición se funda en el estricto orden de entrega de trabajos. Comencemos, pues.

**Actualización 10/02/2015** incorporamos una nueva firma al debate

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¿Para qué sirve la Historia?

“Castilla y León” y “País Vasco” como posibles modelos mundiales del Estado del Bienestar

Ignacio Sotelo en “España a la salida de la crisis” (Icaria Antrazyt, mayo de 2014) también habla del desproporcionado número de municipios que tiene España:

“Se habla ya sin tapujos de suprimir las provincias, con sus diputaciones, pero llama la atención lo poco que todavía escandaliza el número de municipios, 8.116, de los que 1.037 tienen menos de 100 habitantes, y 3.796 no pasan de 500. Con esta población no se pueden organizar, ni mucho menos financiar, los servicios que la legislación exige. Una reforma municipal, sin duda la más compleja, debe anteceder a la de las Autonomías para que un nuevo modelo municipal puede encajarse en los nuevas estructuras autonómicas.” (p. 135)

Nota previa: Sé que usar fuentes secundarias como la Wikipedia o medios de comunicación no es lo más riguroso, pero es sólo una aproximación somera a una posible propuesta y reenfoque acerca del tema.

Un ejemplo notable es Castilla y León, que tiene 2.248 municipios para una población de 2.519.875, y una densidad de 26,74 hab/km². Menos que los 35 de EEUU. Sin embargo, pese a ello tiene un alto “índice de desarrollo de los servicios sociales”. Quizá debamos mirar hacia la Junta de Castilla y León (España) para tomar ideas para el mantenimiento del Estado del Bienestar a nivel mundial (lo siento, tenía que molarme a mí mismo poniendo esta frase para justificar el titular con el que os he atraído la atención). También debemos mirar al País Vasco y su política de clústers industriales, tal y como nos señala Miquel Puig en “La sortida del laberint” (“La salida del laberinto”). Además hay que recordar que ambas comunidades suelen tener grandes resultados en educación en las pruebas PISA. Buenos indicadores, desde luego; aunque hay que tener en cuenta las transferencias desde el nivel nacional, indudablemente hay un buen hacer.

¿Decir que son modélicas es una exageración? Puede. O no.

@metronax

“Castilla y León” y “País Vasco” como posibles modelos mundiales del Estado del Bienestar

Unas cuantas “rojadas” aportadas por Ignacio Sotelo para el debate socioeconómico

En tiempos de cambio de paradigma (o marco conceptual, o como se quiera llamar) debemos consultar ideas críticas con el modelo que va a sufrir el cambio, puesto que algunas soluciones surgen de las mismas, aún cuando pudieran no estar del todo acertadas (inevitablemente).

Por ello voy a destilar unas cuantas “rojadas” extraídas de “España a la salida de la crisis” (Icaria Antrazyt, mayo de 2014) de Ignacio Sotelo. Aquí va la primera (las negritas y subrayados son nuestros):

– Pp. 218-219:

“El capitalismo, cuyo único objetivo es la maximización de los beneficios, ha dado pruebas suficientes de su inmensa capacidad de crear riqueza, aunque cada vez en manos de un menor número, y dejando a una buena parte de la población sin trabajo. La economía solidaria, en cambio, como la manera que queda de sobrevivir, retoma el viejo objetivo, sin duda razonable, de que lo propio de la actividad económica es satisfacer las necesidades básicas del grupo, respetando la dignidad de la persona y el medio natural, proporcionando a todos trabajo, que hay que entender como una forma de realización personal.

Al dejar fuera del sistema a una buena parte de la población asalariada, el capitalismo en su fase actual la empuja a retomar formas de economía precapitalista, como una manera de subsistir. El dinero permanece como unidad de valor, medio de cambio e instrumento de ahorro, pero se suprime su dimensión especulativa. Junto a la economía formal dominada por el capital financiero, se irá desarrollando una paralela, basada en cooperativas de crédito, de producción y consumo, o simplemente en el trueque de bienes y servicios, en definitiva, una “economía social y solidaria”, que desde el interior del sistema vaya creando redes alternativas que resultan viables gracias a los modernos medios de comunicación.

A muchos no les quedará otra salida que resistir en un sistema paralelo de producir, intercambiar y consumir, incluso utilizando una moneda propia, por rechazo a la oficial al servicio de un capitalismo financiero, meramente especulativo. A la larga se trata de reinventar la economía sobre una nueva base social que haya superado el choque entre trabajadores y dueños del capital, intentándolo al margen del sistema en el recodo que les quede.

Para el momento en que llegue a gobernar, la izquierda griega que representa Syriza prepara ya el marco jurídico para el despliegue de este tipo de redes de mutuo apoyo, de modo que puedan arraigar el trueque y las monedas paralelas, especulando incluso con la posibilidad de que hasta un 20% de los servicios sociales se autogestione.”

– Y es que antes (p. 215) Sotelo ha hablado de que la precariedad es aplicable a la mayoría de los puestos de trabajo [y no es] ya la excepción que se pretende superar, sino un carácter básico del nuevo mercado laboral”. Quizá (algo) exagerado en el presente, pero pudiera ser la visión de un futuro pesimista.

– P. 204: La precarización del trabajo suele justificarse con el argumento de que, si el Estado se encarga de completar los bajos salarios hasta elevarlos a un nivel que permita vivir con la mínima dignidad, más vale trabajar, aunque sea en puestos de una productividad muy baja no permite pagar más, que recurrir a las ayudas y subsidios estatales, desconectándose del mundo laboral, que hace luego mucho más difícil la reinserción.”

Esto no puede evitar recordarme a Karl Polanyi y su idea de “sociedad de mercado” vs. “economía de mercado”, otro pensador que, poco a poco, parece a recuperar su estrella con esta crisis.

– Pp. 141-142: “En su Teoría General del empleo, el interés y el dinero (1936), Keynes analiza ambas carencias [“las dos grandes lacras del capitalismo: la incapacidad de ofrecer empleo a todos los que lo necesiten y una distribución de la riqueza, cada vez más desigual y arbitraria” (también en p. 141)], convencido de que la economía planificada, pese a sus muchas limitaciones y serios inconvenientes por cercenar buena parte de las libertades individuales, tendría, sin embargo, la ventaja de proporcionar trabajo para todos. Keynes pensaba que el capitalismo no tendría futuro, si con crisis cada vez más frecuentes se mantuviese un desempleo constante y una desigualdad social en aumento.

(…)

El remedio que la economía clásica ofrece para combatir el desempleo –reducción de salarios y de precios para acomodarse a la coyuntura– fallar por generalizar una experiencia que solo sirve en el caso individual. Si un empresario consigue bajar los salarios, y con ellos los precios, podrá vender más y aumentar la producción y beneficios, pero si muchos hacen lo mismo, al encogerse la demanda global solo se consigue más paro. Además, recalca Keynes, bajar los salarios no es una política factible por los conflictos sociales que comporta; de hecho solo podría llevarse a cabo en un régimen autoritario que hubiera suprimido la libertad sindical. La rigidez del mercado de trabajo tiene en los tiempos de recesión el efecto positivo de mantener el consumo, porque, si siguiera bajando, aumentaría aún más el desempleo.

Keynes volvió a poner de manifiesto que el mercado por sí mismo no logra el equilibrio entre oferta y demanda, tal y como a principios del siglo XIX había defendido J. B. Say, algo que, como ya hemos visto, acepta Ricardo, pero que Marx critica. El fin del laissez faire se vio corroborado por la crisis de los años treinta, experiencia trágica que terminó por desencadenar la Segunda Guerra Mundial y que dominó la política económica en un largo período de crecimiento y pleno empleo. Keynes insiste en que el mercado por sí solo no es capaz de crear el equilibrio necesario entre inversión y empleo; de ahí que sea indispensable que el Estado intervenga, sobre todo en momentos de descenso en el ciclo.

La aporía intrínseca del capitalismo radica en que no puede mantener el pleno empleo sin previamente invertir de la manera más conveniente para la economía nacional.

Pienso que si el Ser Humano valorara más la seguridad que la libertad (una idea que creo pragmática en vez de la adoración ingenuo de una –llamemos– “libertad absoluta” y, a la postre, imposible por una suerte de incompatibilidad lógica), hay que tener en cuenta estos argumentos económicos.

– P. 193: Con el aumento de la productividad la jornada laboral ha ido achicándose, pero, como he señalado en el capítulo anterior, con un enorme desequilibrio entre el rápido aumento de una y el lento descenso de la otra. Que haya que trabajar menos horas para que todos puedan tener trabajo parece de sentido común, pero se constata una fuerte oposición empresarial a repartir el trabajo, prefiriendo que una persona trabaje jornadas laborales largas, incluso si fuese preciso haciendo horas extraordinarias, a repartir el trabajo.

Obvio que el empresario rechace cualquier fórmula que implique repartir el trabajo, manteniendo el mismo salario, pero se entiende menos la oposición a repartirlo incluso si no aumenta el coste. Tal vez la explicación sea que un cambio más frecuente de turno conlleve interrupciones con mayores tiempos muertos. En todo caso prefiere una larga jornada laboral para los empleados que repartir el trabajo entre varios, aun en el caso de que el Estado aporte los costes adicionales que origine el reparto.”

En mi caso personalmente opino que sería preferible mejorar el modelo productivo antes que repartir el trabajo, pero en un clima en que se reducen (con posibilidad de estancamiento) las horas de trabajo (indicador más efectivo que la pobre sola cifra de empleos) no es descabellado este reparto como medida social, hasta que se vayan aumentando por un deseable (aunque hipotético) cambio y mejora del modelo productivo, sobre todo si se estancaran.

Además, del libro de Ignacio Sotelo me han interesado mucho el capítulo VI, ‘El desmoronamiento de los partidos’, sobre las “estructuras oligárquicas de los partidos”, y el capítulo XX, ‘Del capitalismo comercial al financiero’, donde nos resume los diferentes tipos de capitalismo que han existido en la historia: 1) comercial, 2) industrial y 3) financiero.

@metronax

Unas cuantas “rojadas” aportadas por Ignacio Sotelo para el debate socioeconómico