Macaulay, Marx, Keynes y Rudge: cuatro filosofías de la historia

En la Conclusión de “¿Por qué quiebran los mercados?” de John Cassidy (del que que ya hemos destilado anteriormente algo) viene un párrafo en que se recogen las que podríamos considerar cuatro grandes filosofías de la historia: Macaulay, Marx, Keynes y Rudge/Henry Ford.

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“Hay algo de verdad en cada una de estas teorías”, vemos que añade Cassidy. Ahí lo dejamos, como resumen y como acicate para seguir leyendo.

@metronax

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Macaulay, Marx, Keynes y Rudge: cuatro filosofías de la historia

Yanis Varoufakis, “El Minotauro global” y la aporía de Occidente

Grecia tiene nuevo gobierno. Su ministro de Finanzas es el economista Yanis Varoufakis, autor de “El Minotauro global”. Un libro complejo que hay que tener muy en cuenta.

He aquí como comienza su primer capítulo:

“Nada nos humaniza tanto como la aporía, ese estado de inmensa perplejidad en el que nos encontramos cuando nuestras certezas se hacen añicos; cuando, de repente, quedamos atrapadas en un punto muerto, sin poder explicar lo que ven nuestros ojos, lo que tocan nuestros dedos, lo que oyen nuestros oídos. En esos raros momentos, mientras nuestra razón se esfuerza con valentía para comprender lo que registran nuestros sentidos, nuestra aporía nos humilla y prepara a la mente bien dispuesta para verdades antes insoportables. Y cuando la aporía despliega su red para prender a toda la humanidad, sabemos que estamos en un momento muy especial de la historia. Septiembre de 2008 fue uno de esos momentos.”

@metronax

Yanis Varoufakis, “El Minotauro global” y la aporía de Occidente

“La mala reputación” – Paco Ibáñez

Paco Ibáñez cantó la “La mauvaise reputation” del gran Georges Brassens. Una canción que bien puede ser un himno de nuestro blog.

“LA MALA REPUTACIÓN”

En mi pueblo sin pretensión
Tengo mala reputación,
Haga lo que haga es igual
Todo lo consideran mal,
Yo no pienso pues hacer ningún daño
Queriendo vivir fuera del rebaño

No, a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe
No, a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe

Todos todos me miran mal
Salvo los ciegos es natural.

Cuando la fiesta nacional
Yo me quedo en la cama igual,
Que la música militar
Nunca me supo levantar,
En el mundo pues no hay mayor pecado
Que el de no seguir al abanderado

No, a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe
No, a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe

Todos me muestran con el dedo
Salvo los mancos, quiero y no puedo.

Si en la calle corre un ladrón
Y a la zaga va un ricachón,
Zancadilla pongo al señor
Y aplastado el perseguidor,
Eso sí que sí que será una lata
Siempre tengo yo que meter la pata

No, a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe
No, a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe

Todos tras de mí a correr
Salvo los cojos, es de creer.

No hace falta saber latín
Yo ya se cual será mi fin,
En el pueblo se empieza a oír,
Muerte, muerte al villano vil,
Yo no pienso pues armar ningún lío
Con que no va a Roma el camino mío

No, a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe
No, a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe,

Todos todos me miran mal *
Salvo los ciegos es natural.

* “Todos vendrán a verme ahorcar”, verso que viene en la letra, traducida por Pierre Pascal, que he tomado.

@metronax

“La mala reputación” – Paco Ibáñez

Los jóvenes de no deben meterse en política. Que maduren primero (M. Oakeshott)

Michael Oakeshott (1901-1990) es un filósofo inglés que esencializa lo que quizás es la quintaesencia de la política inglesa: la ley de lo consuetudinario. Para él, hay que ser fieles a la costumbre y muy cuidadosos ante el cambio, no se puede tomarlo alegremente, sino que debe someterse a una crítica y dilucidar si lo que nos ofrece representa una evidente mejora. Su forma de pensar, pues, difiere de muchos conservadores en el hecho de que no tiene dogma. No es ni guardián de las buenas costumbres, ni de la fe, ni de la tradición -que a él le parece algo que no ha de ser necesariamente bueno, pues se ha destilado por una serie de caprichos históricos-, ni de nada más que de sus costumbres vividas. Tiene miedo a perderlas por algo peor, quizás por una tiranía que le destruya. Como muchos de los habitantes del siglo XX de pensamiento liberal, vio en el totalitarismo la imposición, por vía del gobierno, de los sueños -o delirios- de unos pocos a la mayoría. Él buscaba, como desarrolla en su conferencia “La actitud conservadora” (luego editada en forma de librito), un gobierno que no se dedicara a imponer sueños, sino que fuera un árbitro. Por ello, es muy crítico en los últimos párrafos de su conferencia sobre el papel de los jóvenes en la escena política.

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Hoy día en que parece que ser joven es algo bueno para todo y en que la política española abunda en treintañeros, veinteañeros y hasta casi adolescentes que buscan imponer sus “sueños” -una palabra que usan mucho- a la sociedad, bien está leer las frases de Oakeshott:

“Espero, sin embargo, haber dejado claro que no hay en absoluto contradicción en ser conservador respecto al gobierno y radical respecto a prácticamente todas las demás actividades. Y a mi entender hay más que aprender sobre esta actitud de Montaigne, Pascal, Hobbes y Hume que de Burke o Bentham.

De las muchas implicaciones que podrían generarse sobre lo dicho, mencionaré una: que la política es una actividad inadecuada para los jóvenes, no por sus vicios, sino por lo que yo al menos considero sus virtudes. Nadie afirma que sea fácil adquirir o mantener la disposición a la indiferencia que requiere esta modalidad política. Saber atemperar nuestras propias creencias y deseos, reconocer la forma vigente de las cosas, sentir el punto de equilibrio de las cosas, tolerar lo que resulta abominable, distinguir entre el delito y el pecado y respetar la formalidad incluso cuando parece conducir a error, son logros difíciles. No se debe buscar estos logros entre los jóvenes. Los días de nuestra juventud son un sueño, una gozosa locura, un dulce solipsismo. Nada tiene una forma fija, nada un precio fijo, todo es posible y se vive feliz a crédito. No hay obligaciones que respetar, no hay cuentas que llevar. No hay nada especificado de antemano; cada cosa es lo que se puede hacer de ella. El mundo es un espejo donde buscamos el reflejo de nuestros propios deseos. El encanto de las emociones violentas es irresistible. Cuando somos jóvenes no estamos dispuestos a hacer concesiones al mundo, nunca sentimos el contrapeso de una cosa en nuestras manos, salvo por los mazos de cricket. No sabemos distinguir entre lo que no nos gusta y lo que no valoramos; la urgencia es nuestra escala de valores y nos resulta difícil comprender que lo aburrido no es necesariamente despreciable. No toleramos la restricción y solemos creer, como Shelley, que el haber contraído un hábito es haber fracasado. En mi opinión estas son algunas de nuestras virtudes cuando somos jóvenes, pero qué lejos están de constituir una actitud adecuada para participar en el estilo de gobierno que he descrito. Dado que la vida es un sueño, pensamos con lógica plausible, pero errónea, que la política debe ser un choque de sueños en el que esperamos imponer el nuestro.”

@Villaumbrosa

Los jóvenes de no deben meterse en política. Que maduren primero (M. Oakeshott)

La “ideología del esfuerzo” en la educación

José Moya Otero ha escrito “La ideología del esfuerzo” (Catarata, 2014), donde encontramos el siguiente párrafo en la página 102:

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Un texto ciertamente original que toca un tema ineludible en la educación: la ideología (a mi entender, gran parte de las decisiones implican la participación de una ideología o marco conceptual mental, lo cual no es bueno ni malo a priori, sino inevitable). Puede que no esté de acuerdo con todo lo que dice Moya Otero o algunos enfoques y argumentos que me parecen deslavazados, pero su visión es necesaria en el clima actual. Pone encima de la mesa cosas que deben plantearse.

Cabe destacar la breve, pero ecléctica y jugosa bibliografía que contiene al final del libro.

@metronax

La “ideología del esfuerzo” en la educación

La honestidad intelectual de Alan Greenspan

“Por qué quiebran los países” de John Cassidy (Ed. RBA) es un “libro que detalla el ascenso y la caída de la ideología del mercado libre” (pág. 14). La caída de una utopía. Recordemos que hay quienes que, como Stiglitz, consideran que la caída de Lehman Brothers sugiere el derrumbe de una especie de ‘Muro de Berlín del libre mercado’.

En el libro de Cassidy se narra cómo Henry Waxman, presidente del Comité de Reforma y Supervisión del Gobierno, hace una serie de preguntas al que fuera presidente de la Reserva Federal estadounidense, Alan Greenspan (págs. 11-14). En 2008, Waxman recuerda a un octogenario Greenspan que había sido quizá “el principal promotor de la liberalización de nuestros mercados financieros” y “defensor a ultranza de la autorregulación de los mercados”, aparte de rememorar algunas declaraciones hechas por el propio Greenspan en el pasado (p. 12), para acabar interrogándole con “Mi pregunta para usted es sencilla: ¿se equivocó?”.

Greenspan admite su error (p. 13) y que la caída de “un pilar fundamental para la competencia del mercado y los mercados libres” le “conmocionó”:

greenspan1Tras esta acusación de tomar decisiones debido a su ideología, Greenspan responde (p. 14):

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Vemos aquí las palabras de la perplejidad de un anciano al derrumbarse su marco conceptual, un modelo teórico al que dedicó décadas. Una vida intelectual demolida por los hechos culminando en unas frases que denotan cierta honestidad intelectual.

@metronax

La honestidad intelectual de Alan Greenspan